Luis XVI (1754-1793), rey de Francia (1774-1792) que fue derrocado durante la Revolución Francesa y más tarde fue decapitado por decisión de las autoridades del régimen revolucionario.
Nacido en Versalles, el 23 de agosto de 1754, era nieto de Luis XV. La muerte de sus dos hermanos mayores y de su padre, único hijo de Luis XV, convirtió al joven príncipe en el delfín (príncipe heredero) de Francia en 1765. En 1770 contrajo matrimonio con María Antonieta, la hija menor de la archiduquesa María Teresa de Austria. Cuando Luis ascendió al trono, el país estaba empobrecido y endeudado, y los elevados impuestos habían extendido la miseria entre el pueblo francés. Inmediatamente después de su coronación, redujo algunas de las contribuciones más gravosas y modificó el sistema financiero y judicial gracias a la ayuda de políticos tan competentes como Anne Robert Jacques Turgot, ministro de Hacienda, Chrétien Guillaume de Lamoignon de Malesherbes, ministro de Estado, y Charles Gravier, conde de Vergennes, ministro de Asuntos Exteriores. No obstante, la nobleza y la corte le impidieron llevar a cabo reformas más amplias. Era tal la oposición del estamento nobiliario, que Turgot se vio obligado a dimitir en 1776, siendo reemplazado por el financiero Jacques Necker.
Después de que Luis XVI concediera ayuda económica a las colonias angloamericanas durante su guerra de la Independencia contra el dominio británico, Necker propuso la aplicación de impuestos a la nobleza para equilibrar el déficit presupuestario. La impopularidad de esta medida entre las clases influyentes provocó su dimisión en 1781. Charles Alexandre de Calonne, fue nombrado ministro de Hacienda en 1783; durante su gestión la corte recibió fondos del Estado, hasta que en 1786 la deuda pública contraída se hizo insostenible. El pueblo francés estaba indignado por la carga impositiva a la que se le sometía para sostener el despilfarro cortesano, de manera que se recurrió nuevamente a Necker en 1788, aunque éste fue incapaz de evitar la quiebra financiera del país. En 1788, Luis XVI se vio obligado a convocar a la cámara de representantes de la nación, conocida como los Estados Generales, que no se había reunido desde hacía 175 años. Durante el transcurso de la sesión, este órgano se constituyó en Asamblea Constituyente. El 14 de julio de 1789 el pueblo parisino asaltó La Bastilla y retuvo a la familia real en el palacio de las Tullerías. Los monarcas, junto con sus hijos, intentaron huir a Austria en junio de 1790, pero fueron capturados y enviados a París. Luis juró obediencia a la nueva Constitución francesa en julio de 1790, pero siguió conspirando en contra del gobierno revolucionario. En 1792 la Convención Nacional, la asamblea de diputados francesa, proclamó la República, juzgó al Rey, acusándole del cargo de traición, y le condenó a muerte después de una votación que aprobó dicha medida por 387 votos a favor y 334 en contra. Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793 en la plaza de la Revolución (en la actualidad, Plaza de la Concordia) de París.
Los historiadores consideran que Luis XVI no fue realmente un monarca tan autoritario como sus predecesores (Luis XIV o Luis XV), sino más bien una víctima de las circunstancias históricas. Era un hombre débil, incapaz de cumplir con las obligaciones de la monarquía y de escasa inteligencia. Prefería dedicarse a sus aficiones favoritas, como la caza y la marquetería, antes que a las tareas de gobierno, y permitió que su esposa ejerciera sobre él una excesiva influencia.
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